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18/05/2009

FRANCISCO COLLADO CAMPAÑA

Reforma laboral con sinceridad

El Debate del Estado de la Nación ha sido el asunto que durante esta semana ha copado las cabeceras nacionales. Los reproches de los nacionalistas, la denuncia de las ineficaces medidas económicas por parte de CiU y PP y la alianza nacional en el País Vasco son los asuntos que han traído de cabeza a Zapatero. Todo, mientras “Espe” y su mujer jugaban al mus en los asientos del Congreso. Con lo que llegado a este punto, Zapatero ha sacado una conclusión sincera del suspenso de este curso político: reforma laboral.

 

La salida de la crisis económica del sistema español se llama reforma laboral. Los economistas lo decían, los sociólogos lo apuntaban y los analistas políticos lo susurraban. El peso del sector de la construcción ha sido el pie de Aquiles que arrastró a la economía española, antes que lo hicieran las turbulencias de la crisis financiera. Por eso, la solución a esta combinación de paro e inflación pasaba y pasa por abordar una nueva estructuración del sector vertebral de la economía. Y esto, sólo puede realizarse mediante la implementación de políticas públicas de reforma laboral, acometiendo con un reajuste enorme. No obstante, el coste político de esta actuación institucional es alto debido a las posibilidades de cobrarse su precio en las urnas.

 

Zapatero no lo desconocía. El enorme equipo de analistas y expertos que recorren los pasillos de la Moncloa lo señalaban. El problema como siempre ha sido la sinceridad. José Luis tenía que elegir entre acometer con políticas de profundo calado en el tejido laboral, con un duro coste por la impopularidad de estas medidas debido a que originariamente implican despidos masivos, o entre mantener una crisis a flote con el recurso constante al déficit público, con el costo de un desgaste continuo de su imagen ante la ineficacia de esta medida. Zapatero ha elegido entre el bien para España con el pago de su carrera política o su carrera política a cambio del destino de los españoles. Y la elección está escrita en la cifra de cuatro millones de parados.

 

Ahora, un año después de apostar por su posible éxito en las elecciones generales corrige. Cree que un examen de recuperación puede corregir su desastre en las europeas de junio. La pregunta a cuántas personas creen en las prioridades de este hombre las sabremos dentro de un mes. Amén de las cifras de paro que para nada hacen justicia a la carrera política del más nefasto presidente de la democracia española.

 

 

 






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