22/05/2009Por: José García Pérez
El Copo. Interferencias
Interferir es interponer algo en el camino de una cosa o de una acción. Por ejemplo, Miguel Briones, Delegado Municipal de Cultura del Ayuntamiento de Málaga, ha realizado una interferencia en el devenir de la poesía en Málaga cuando ha estampado una firma dando por liquidada la Colección de Poesía “Ancha del Carmen”.
Zapatero ha hablado de no interferencias para apoyar el bibianaísmo en toda su extensión. Ya saben que Bibiana, ministra y miembra del gobierno central, anda enfrascada estos días en demostrar que a las catorce semanas de embarazo, lo que existe en el seno materno es un ser vivo, pero no un ser humano. Además de esta original idea, plantea la de Alcalá de los Gazules, en la nueva ley del aborto, que las adolescentes de dieciséis abriles pueden abortar sin el consentimiento de sus padres.
Todo este embrollo, me refiero a las dos cuestiones anteriormente citadas, ha creado un ligero terremoto en la opinión pública. Y Zapatero ha salido en apoyo de Bibiana, diciendo que los padres no deben interferir –como ha hecho el señor Briones con la poesía- si la chavala desea abortar porque sí.
Esto de los padres es un follón de puta madre. Habría que decir, cree un servidor, que es el Estado, representado en ZP, como Sumo Pontífice del Gobierno, el que no debe convertirse en papaestado, pues si no toda esta democracia, más o menos envuelta en el tul de la tolerancia, puede convertirse en un auténtico totalitarismo.
A papá y mamá, a los padres, les corresponde velar por sus hijos para que puedan volar, pero primero hay que, sin interferencias, y a veces con ellas, conversar, dialogar, planificar y explicar, porque no todo el mundo es un o una sabelotodo como Zapatero o Bibiana. Los hay frágiles, hijos y padres, y también comprensivos. Y no todo se arregla con un bofetón o una andanada de insultos. Un consejo casi nunca viene mal y el amor siempre viene bien.
Y si sí, o sea, si la de los dieciséis abriles se encandila en querer abortar, mejor es ir acompañada de su madre o de su padre. Y si alguien, padre o madre, o quien sea, le abre los ojos mediante el asombro y dice, “ea, apechugo con el tema”, pues bien venido sea el “ser vivo” que dice Bibiana, convertido ya en ser humano.