Ir a portada de diariolatorre.es
09/05/2009

MANUEL RODRÍGUEZ

Los crímenes de Oxford

Recientemente, la caja tonta, no me pregunten en qué cadena porque no lo sé, proyectó la película cuyo título es el del epígrafe. Se trata de una película hispano-yanky, dirigida por Alex de la Iglesia.

 

No voy a entrar en la trama argumental, que no es el objeto, sino partir de una escena que me llamó poderosamente la atención. Un profesor, John Hurt, está impartiendo una lección magistral y a su término, un alumno, Elijah Wood, quien pretende que el profesor dirija su tesis y éste no le hace caso, para llamar su atención, le interpela a voz en grito diciéndole: “Creo en el número π (pi), la proporción áurea y en la serie de Fibonacci”.

 

Me sentí gratamente sorprendido. No es muy frecuente oír en el cine conceptos matemáticos o nombres de ilustres matemáticos. Supongo que a la mayoría de los espectadores, la exclamación del protagonista, no le dijera absolutamente nada y hasta es posible que ni tan siquiera repararan en ello.

 

Empecemos por el número π (pi). Tal número expresa la relación constante entre la longitud de una circunferencia y la de su diámetro. Desde antiguo, los matemáticos han estado ocupados y preocupados por la cuadratura del círculo; esto es, encontrar un cuadrado que sea equivalente a un círculo dado. Que tengan igual área, vamos. La imposibilidad de resolver el problema deviene de su carácter irracional. Dicho de otra manera, el valor de π (pi) no se puede expresar por el cociente de dos números enteros. El número π, como el número “e”, tienen gran relevancia en la matemática.

 

Euler, uno de los matemáticos más insignes, en unas sencillas fórmulas, estableció la relación entre los números más importantes de la matemática entre los que se encuentran los citados. Su importancia y estética me ha llevado a que figuren en el frontispicio de mi web http://www.telefonica.net/web2/marodgar/index.htm   

 

Ahora le toca a la proporción áurea, segunda creencia del protagonista. Si tomamos un trozo de cuerda y lo partimos en dos trozos desiguales ¿Dónde debemos de cortar para que la razón entre los dos segmentos sea áurea? Basta con que el cociente entre las longitudes del mayor de los trozos al menor sea igual al cociente entre la longitud del segmento inicial y la del mayor de los trozos cortados. Ese cociente, razón áurea, denominado Ф(fi), cuyo valor aproximado es 1,618 es también irracional, como π (pi).

 

La proporción áurea, desde el tiempo de los griegos, se ha entendido como la expresión de la belleza.

 

Nos queda, finalmente, la serie de Fibonacci, tercera creencia del protagonista. Quizá debería haber dicho, en rigor, sucesión en vez de serie. Fibonacci es el apodo o sobrenombre del gran matemático  Leonardo de Pisa ¿Cuál es esa sucesión? 0, 1, 1, 2, 3, 5, 8, 13…. Cuya ley de formación es simple: Cada término se obtiene sumando los dos anteriores. Cualquiera de los lectores puede seguir escribiendo los términos sucesivos de forma ilimitada.

 

¿Qué gracia tienen esos números? Considerados aisladamente, ninguna, pero en su conjunto, bastante. Si a partir del término tercero vamos dividiendo cada término por su anterior, conforme ascendamos en la sucesión, sus cocientes se van aproximando indefinidamente, cada vez más, a la razón áurea. Los números de Fibonacci, como la razón áurea, se encuentran presentes en la naturaleza.

 

Mira por donde, unas escenas de la película “Los crímenes de Oxford”, me han permitido otra columna de divulgación matemática. Si alguien siente curiosidad por lo que aquí se ha escrito, puede satisfacerla con una herramienta de incalculable valor: Internet. Basta escribir en un buscador cualquiera de los conceptos aquí vertidos y pondrá a disposición del lector información completísima.

 

Espero por la aceptación de los lectores, haber acertado.

MR.

 

 






No hay comentarios
Comentarios cerrados para este artículo