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NOTICIA AMPLIADA
09/12/2011

Isaac Páez Catalán

Oasis Prohibido

Manuel Senra

“BIBLIOTECA CYH”

Barcelona, 2008

47 páginas.

Quien se acerque a este Oasis Prohibido no debería dejarse engañar por el título, pues aquí el adjetivo prohibido es toda una invitación a la lectura. Hermosa contradicción desde el comienzo, porque el poeta Manuel Senra nos describe un espacio sin tiempo que quiso tener entre las manos y no pudo, pero que sí ha logrado crear en este libro.

 

Para quien les habla, el oasis representa la metáfora de la niñez, ese mundo en el que se forjan los sueños que la edad acaba desmontando, pero sueños que quedan grabados y condicionan más allá de su naturaleza incierta. Como todo oasis, éste es un universo personal, donde el poeta comienza a ser poeta sin saberlo, con una intensa carga autobiográfica que se adivina en la sinceridad que habita en cada verso. Porque si algo debemos destacar de este libro es su sinceridad, la misma sinceridad con la que hablaría cualquier niño. “aquella infancia sin apenas música/ fue en cambio el nido en que guardé mis versos”.

 

Así, la primera parte del libro nos conduce por ese oasis prohibido para el niño que quedó atrás pero abierto en cambio para el lector que llega, con versos de tanta profundidad y ritmo como los siguientes: “¿qué puede uno hacer cuando unas manos/ son tan solo un puñado de ceniza?/ ¿Qué puede uno pensar de la esperanza/ que detanto esperar se desespera?”. La continua referencia al paso del tiempo es otra de las piedras angulares de este poemario: “Ahora cuento los pasos del tiempo/ como si ayer siguiera siendo hoy”, o como dijo Ángel González “Aquí no pasa nada salvo el tiempo”.

 

No debe pasar inadvertido el poema VII de esta primera parte, puesto que desde el interior de un ferviente recuerdo a la niñez propia surgen dos bellísimos versos que dan fe del compromiso poético y social de este autor: “Y abultados estómagos que sufren/ la pedrada del hambre en su memoria”.

 

Ya en la segunda parte del libro el poeta se deja llevar por la realidad del hombre que escribe, se aleja (sin olvidarlo) del oasis de la infancia y profundiza más en el ahora, abundan en mayor medida las referencias al presente y al futuro, ya sea de forma directa o en forma de preguntas retóricas: “¿Qué quedará después de tanto llanto?/ La floración del cuerpo, esos frutos/ ya son las hojas secas del otoño”. “¿Quién medevuelve el don de haber nacido?”.

 

Pero como dice el propio Manuel Senra “No envejecen las lágrimas sino los ojos”. Lo cual supone toda una declaración de intenciones, una rebeldía ante un transcurso vital inexorable del que cuesta trabajo comprender y/o aceptar su funcionamiento a pesar de ser en apariencia algo muy sencillo. Por ello, la poesía se nos muestra aquí como la fuente de la eterna juventud, porque la poesía escrita desde la sinceridad nunca envejece y como dijo Raúl González Tuñón “Y la muerte es el último país que el niño inventa”.

 

Isaac Páez Catalán

 




 
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