MORALES LOMAS


Morales Lomas


 

         

Felipe Benítez Reyes ha escrito con L. García Montero Impar, fila 13 (1996) y, personalmente, Chistera de duende (1991), Tratándose de ustedes (1992), La propiedad del paraíso (1995), Humo (1995), El novio del mundo (1998), El pensamiento de los monstruos (2002) y Mercado de espejismos (2007); los libros de relatos: Un mundo peligroso (1994) y Maneras de perder (1997).   Chistera de duende (1991) es una farsa costumbrista y guiñolesca con estructura de folletín en la que un joven escritor de versos surrealistas, así como de novelas eróticas y de espionaje, Gonzalo de Lerma, aspirante a escritor maldito, vive  en 1975 perdido en el aburrimiento provinciano y aspirando a la gloria. Un día sufre una humillación pública, lo que desencadena un proceso delirante que le llevará a verse envuelto en situaciones descabelladas. En su peripecia se verán implicados otros muchos personajes: desde un presunto aristócrata sospechoso de ser la cabeza invisible de una secta dedicada a conspirar contra el clero y contra el universo en general hasta un joven dramaturgo que pugna por estrenar sus obras revolucionarias en la España franquista; desde un abogado de carácter maligno hasta una misteriosa dama recluida en un sanatorio por razones turbias…

        Su segunda novela, publicada al año siguiente, se titula Tratándose de ustedes (1992). En ella hay un personaje curioso, Arruza, un bibliófilo que regenta una librería anticuaria y vive enamorado de sus viejos libros. Junto a él unos amigos y clientes se reúnen habitualmente para entretenerse intercambiando historias que se reinventan cada vez que uno de los narradores toma la palabra. Pero todo se alterará cuando los seres de ficción -un autómata chino que viaja a través del tiempo, un mago oriental que colecciona lámparas embrujadas, una cabeza parlante, o un espejo encantado- impugnen su condición secundaria, invadan la realidad y conviertan a los protagonistas en seres de ficción...

      La propiedad del paraíso (1995) desarrolla la historia de unos niños, un grupo en el que Fernandi y Carmelo son los protagonistas, pero también una galería interesante de personajes: Lali, juiciosa profesora particular, el sargento Arruza (ya aparecía con este nombre el bibliófilo), la Diosa del Rodeo, domadora de bisontes, además del capitán Roden, el cineasta Miguel y el Duende, «el ratero y el rey del tiempo». Conformada por retazos de memoria, el narrador de esta novela va desgranando los momentos en los que gozó de la frágil propiedad del paraíso, los momentos de una infancia en apariencia inocente y dichosa, pero encarnada en el dolor y la incertidumbre. Fernandi y Carmelo son sus compañeros de juegos, y junto a ellos desfila una galería de personajes familiares e inquietantes: Poco a poco el protagonista irá perdiendo su paraíso de héroes, novias quiméricas, fiestas familiares, visitas a la capital y muchachas de labios pintados de rojo. Cuando quince años más tarde el narrador regrese a los espacios de su infancia, se dará cuenta de que tiene en sus manos «la llave que abre la casa de la nada»: el paraíso se habrá tornado leyenda.

         El novio del mundo (1999) está estructurada en cuatro apartados y en cada uno de ellas recrea la vida de un poderoso personaje, Walter Arias, que tras haberse acostado en un hotel de Amsterdan se despierta una mañana en Melilla. El narrador es este Arias que se mueve por la novela como una especie de arlequín que va moviendo como quiere los hilos de su teatro, lo que convierte su obra en una continuadora del esperpentismo inaugurado con Valle y en la línea también de Gómez de la Serna en cuanto al uso de la sátira, el humor y la parodia. Tanto los diversos territorios como la multiplicidad de personajes crean un mundo (el del título) abigarrado y diverso en el que el narrador va expresando su visión a través de esa especie de alter ego que es Walter Arias: “Un pensamiento que brota de la praxis vital, un pensamiento tan errático como la vida que lo sustenta, y que habla del amor, el fútbol, la publicidad de la vida moderna, el instinto y el destino, la psicopatología, la vida como subasta, la insatisfacción, el tiempo, el dolor, la muerte...”[1]

          Para Galán López[2], en El pensamiento de los monstruos (2002) “ha sabido describir los temores de una generación al borde del abismo, deconstruyendo la experiencia vital de una juventud tardía, aturdida por el mito de la vida eterna”; una obra que, en realidad, puede girar en torno a dos grandes ideas: el tiempo y el deseo; y también a una enumeración de personajes estrambóticos y situaciones bastante descabelladas. Todo ello conducido y organizado por el policía, medio médium y medio chorizo, llamado Jeremías Alvarado (Yéremi) y sus amigos Franki Tatuaje, el Molécula,  Jup Vergara, el poeta Blasco..., y las mujeres: Yeri, Olga, Eva, María... Yéremi está a punto de cumplir cuarenta años cuando, de repente, se le viene encima todo su pasado confuso y fósil. Con él aparecen también esos personajes que conforman el bastidor de la novela: un buscador de tesoros ocultos, una vidente televisiva, un profesor de latín, un poeta maldito, un taxista, un delincuente, una veterinaria, un histriónico orador ambulante... Para Ricardo Senabre[3] en El pensamiento de los monstruos existe “una rica escritura para sostener un fragilísimo entramado novelesco. Lástima que el autor no haya encontrado una historia y unos personajes que estuvieran a la altura de su insólito talento de escritor”, porque el escritor gaditano ofrece siempre frases ingeniosas y de estirpe ramoniana: “El amor consiste en la conjunción de dos destinos que se ven obligados a buscar un destino común mediante la renuncia a sus destinos respectivos” (p. 43); “la conciencia, esa bola de polvo” (p. 32). En realidad, podemos creer que con El pensamiento de los monstruos ha querido acompañarse de una serie de personajes cotidianos en su propio magma, pero también las evoluciones mentales y pseoudofilosóficas del protagonista de la obra. Márquez Barboteo[4] la define como una novela “de contrastes, de reflexión profunda y de hechos chabacanos, de risa y carcajada, pero también de miedo íntimo y profundo, de lucha y conformismos”. La conforman tres partes en las que se desarrolla progresivamente la vida de Jeremías, sus terrores y los problemas con las mujeres. En la segunda describe un retorno porque ahora ya será nombrado como Yéremi, apelativo con el que lo conocen sus amigos. Y la última parte remite a todos los personajes del libro al 'Pabellón Helado', nombre de novela china, que remite al presente. “Pero –como dice Galán López[5]- el tres denota cierto caos: en la tradición china, el yin y el yan dan orden al mundo. Pero la existencia de un tercer elemento discordante altera ese orden: <Ahí, en la tercera razón, es cuando se duda.> Y es el instante donde se tambalean todas las convenciones de Yéremi”.

        Obtuvo el Premio Nadal 2007 con Mercado de espejismos, una parodia <hilarante y demoledora> sobre las novelas de intriga esotéricas. Como el protagonista confiesa en un momento de la historia: «…Creo que estarán de acuerdo conmigo en que, cuando alguien comienza a hablarte de los templarios, lo mejor es parar el primer taxi que pase por allí y salir huyendo». De todos esos templarios, amuletos, tesoros y códigos se mofa Benítez Reyes en esta aventura que manda a su protagonista desde El Cairo hasta Londres en pos de unas reliquias que no existen, cruzándose con asesinos, ex-militares y sicarios religiosos En su momento decía el autor: “A mí me interesaba partir de la parodia, pero para crear una historia interesante, de intensidad humana y emocional verdadera.” Y consideraba que el título tenía un valor simbólico porque se vive  en un mundo que es un mercado de espejismos: la propia vida es un conjunto de verdades pasajeras y fingidas. Cuenta la historia de Jacob y Corina, que durante años han formado parte de una organización dedicada al robo de obras de arte. Él, en realidad, se llama Miguel Vinuesa (aunque hace llamarse Jacob por una experiencia alucinógena con drogas) y es el guía de la historia, y junto a su “tía” Corina, además ladrones de obras de arte y demás artículos de valor, recientemente jubilados. Cuando ambos personajes están a punto de retirarse, reciben el encargo de robar las supuestas reliquias de los Reyes Magos que están en la catedral de Colonia. Decía Benítez Reyes que “esta motivación los sitúa fuera del tiempo y se dan cuenta de que son unos anacronismos andantes. Lo que les preocupa a los personajes es situarse en la vida, en el mundo, y asumir una interpretación propia, peculiar y compatible con los demás”. Ricardo Senabre[6], consideraba que en Mercado de espejismos exhibía el autor virtudes ya probadas, como la riqueza de su prosa y la facilidad para la caricatura y la pirotecnia verbal, pero criticaba el que se planteara este tema.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 


[1] Rodríguez Fischer, A. (1998): “Hamlet+Yorick= Walter Arias” en Turia, nº 46, pp. 311-313 [313].

[2] Galán López, M.: “Estantería. Narrativa hispánica. El pensamiento de los monstruos[en línea] Dirección URL: <http://www.lateral-ed.es/revista/estanteria/099estanteria.htm>.

[3] Senabre, R. (2002): “El pensamiento de los monstruos”, en El Cultural, 7 de noviembre.

[4] Márquez Barboteo, A. (2002): “Felipe Benítez Reyes. El pensamiento de los monstruos” en El Maquinista de la Generación, nº 5 y 6, pp. 264-265 [265].

[5] Galán López op. cit.

[6] Senabre, R.: “Mercado de espejismos”, El Cultural, 15 de febrero de 2007. “Mercado de espejismos es una novela decepcionante. En primer lugar, por su punto de partida. Plantear ahora una parodia de los bestsellers más o menos esotéricos que inundan el mercado parece una empresa de escasa ambición, cuando tantos asuntos importantes de nuestro alrededor están pidiendo a gritos su fijación artística”.




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