Mª VICTORIA REYZÁBAL

En torno a "Una relación perfecta", de W. Trevor.

Barcelona, Salamandra, 2012; 220 págs.


Mª Victoria Reyzábal


W. Trevor

 

 

Los distintos relatos de este libro nos enfrentan a los vericuetos mentales, sentimentales y morales de los protagonistas, seres comunes que viven historias también comunes, en las que se ocultan o cobijan dolores, decepciones e ilusiones, tan bien y detalladamente radiografiadas que el lector supone que remiten a situaciones excepcionales. Lo cierto es que el autor disecciona detalladamente los actos y creencias, imaginaciones y sospechas de sus personajes, aun en el caso de que no les rodeen tales circunstancias especiales.

A lo largo de los diferentes cuentos se suceden acontecimientos aparentemente ilógicos, mas estos conforman no solo la maraña de la realidad literaria sino que también lo podrían hacer de la no ficcional, así la reconducción del joven que atropella a la hija de una modista, algo que ella calla pues pronto el hombre terminará conviviendo con ella; la de la pareja que sin quererse tiene una aventura para curarse las heridas abiertas por sus respectivos cónyuges; o la confirmación de la malevolencia del irlandés que vuelve a su pueblo después de veintitrés años para chantajear a un conocido sacerdote ya anciano y quitarle así el poco dinero que guarda con la intención de gastarlo en bebida; la joven que ve cómo su novio castiga hasta la muerte a otro muchacho, solo para gustarle, y silencia ese crimen aunque, todavía enamorada, se entera del nuevo camino que él ha elegido seguir desde la cárcel, dejándola de lado; la cita de cierta adolescente con un perturbado que la ha convencido de su amor por internet y que incluso cuando se entera de sus  mentiras y artimañas lo sigue necesitando pues no tiene a nadie más; la anciana que evita que su enfermo esposo se entere de que sucederá aquello que él ha querido evitar, es decir, la conversión de su granja en un campo de golf, por lo cual a su muerte se encierra en la propia casa para preguntarse constantemente si obró bien o debió contárselo; la pareja perfecta que rompe su unión tal vez por falta de conflictos; la dificultad de una niña para aceptar a otra mujer como compañera de su padre viudo o los circunloquios de una esposa que vive en la distancia el último encuentro del marido con su amante de muchos años, y otros núcleos temáticos, los cuales no interesan tanto por la historia que narran sino por los minuciosos recovecos emocionados que se desgranan en el texto acerca de los celos, las carencias de amor, las inseguridades, los sentimientos de culpa, la urgencia de aferrarse a alguien o la insatisfacción que provoca la dicha rutinaria, un sin fin de aproximaciones psicológicas al papel de la memoria y al olvido, al hervidero de palabras nunca pronunciadas e, incluso, de las dichas a destiempo.

 Con mirada melancólica y calma, W. Trevor muestra lo triste y dramático de la existencia en su búsqueda de otra cosa, de un más allá que resulta inalcanzable o de una pretendida rectificación del pasado cuando ya es tarde; centrando su vista en lo aparentemente trivial teje tramas lúcidas que hablan de la fragilidad humana, de nuestras contradicciones y absurdos (“Katherine se volvió y regresó sobre sus pasos. No causaría conmoción, ni siquiera sorpresa. Él no esperaba de ella más de lo que le había dado. Y ella elegiría el momento para anunciar que debía marcharse. Él lo comprendería, no tendría que explicárselo. Lo máximo de que era capaz el amor no bastaba, y eso él también lo sabía”). En un estilo ajustado, con las palabras precisas, presentando un tanto misterios por desentrañar a veces como sucede con la conciencia, el escritor ilumina, fragmentaria pero elocuentemente, aquellos rincones que tan difícil nos resulta exponer a la luz, por exclusivos, por complejos y difíciles de compartir.

 




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